Crear no es una elección para mí, es una necesidad que me acompaña desde que tengo memoria.
El arte siempre encontró la forma de salir de mí, incluso antes de entender quién era. Sentí que llevaba un universo entero intentando expresarse.
Desde pequeño he sentido esa necesidad constante de imaginar, construir y dar forma a lo que llevo dentro. Hay personas que hablan para entenderse; yo muchas veces necesito crear. Es mi manera de ordenar el caos, de explorar quién soy y de conectar con los demás de una forma honesta.
Recuerdo que mis padres intentaban que volcase mi atención en los libros de la escuela: matemáticas, física, química, literatura... Pero mi mente siempre volaba antes de haber terminado la primera línea.
"Crear es la forma más sincera que conozco de existir".
“Crear es la forma más sincera que conozco de existir” porque, cuando creo, desaparecen las máscaras, las expectativas y el ruido del mundo exterior. En la música, en un vídeo, en una ilustración o incluso en una simple idea, siento que dejo una parte real de mí mismo. Crear no es solamente producir algo; es transformar emociones, recuerdos, dudas y experiencias en algo que puede ser compartido.
Cuando compongo música, cuando edito un vídeo o cuando desarrollo una idea visual, no siento que esté “trabajando” únicamente. Siento que estoy dejando huellas de mi propia existencia. Como si cada creación fuese una pequeña prueba de que estuve aquí, de que sentí algo y de que intenté convertirlo en algo vivo.
Por eso crear se volvió algo inseparable de mí. No depende de la motivación, ni de una moda, ni siquiera de un objetivo concreto. Es una necesidad interior. Una forma de respirar mentalmente. Porque hay cosas que simplemente no sé explicar con palabras, pero sí con sonidos, imágenes y atmósferas.
Al final, crear es la manera más auténtica que he encontrado de dialogar con el mundo… y también conmigo mismo.