El Oso Azul en el Hormiguero
KAKIKA
2M10 Gymnase de la Cité, bajo la supervisión de Camille Marshall
Para mi abuelo, que una vez me escribió un cuento de un oso azul y un hormiguero.
Esto es para ti.
Contexto histórico
I. Introducción
Venezuela, antes conocida por su prosperidad y oportunidades, está ahora en una crisis profunda. Como lo expresa Julie Turkewitz: “Venezuela está ahora internacionalmente aislada, tambaleándose tras una crisis económica de más de una década y sufriendo una herida emocional profunda: la pérdida de millones de ciudadanos que han huido al extranjero.”[1] Hoy en día, según la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 7.9 millones de venezolanos han salido en busca de protección y de una vida mejor[2]. Quienes se quedan corren el riesgo de no tener acceso adecuado a atención médica, educación, comida, agua o electricidad. Estos eventos marcaron la vida, los traumas y las decisiones de los personajes en mis relatos, pero sobre todo de todos los venezolanos. Para comprender mejor el trauma y el sentimiento de desarraigo de los personajes, debemos entender los puntos de inflexión políticos y económicos del país.
II. La era de prosperidad de Venezuela (1940–1958)
Venezuela fue alguna vez una nación que atraía inmigrantes. En esa época, más de 800.000 personas del sur de Europa llegaron en busca de oportunidades económicas durante el auge petrolero del país. Marcos Pérez Jiménez, presidente entre 1952 y 1958, aprovechó por completo el boom del petróleo para transformar a Venezuela en un faro de prosperidad. Fue designado presidente en 1952 por la junta militar que tomó el poder tras un golpe de Estado exitoso[3]. Su gobierno utilizó los ingresos petroleros para financiar proyectos de infraestructura a gran escala: autopistas, hoteles, edificios de oficinas, fábricas, represas[4] y el ambicioso El Helicoide, un centro comercial futurista que nunca se terminó. Hoy en día es uno de los símbolos más claros del dramático declive de Venezuela. Como explican Karenina Velandia y Charlie Newland en un artículo de BBC News:
“El Helicoide fue alguna vez símbolo de una nación rica y prometedora. Hoy, alberga una de las cárceles más infames de Venezuela y encarna el declive del país de potencia latinoamericana a zona de crisis. [...] Estudiantes, activistas políticos, y a veces incluso personas comunes, incluidos niños, eran detenidos simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.” [5]
Esta cita resume la trágica transformación de Venezuela simbolizada por el descenso de El Helicoide de maravilla arquitectónica a prisión opresiva.
Aunque el gobierno de Pérez Jiménez marcó un breve periodo de crecimiento económico y modernización, también fue una dictadura caracterizada por la censura, la represión y la corrupción. Fue derrocado por un levantamiento popular y militar en enero de 1958 y posteriormente extraditado para enfrentar cargos por el desfalco de 200 millones de dólares.[6] Las contradicciones de su gobierno —prosperidad construida sobre autoritarismo— resonarían a lo largo de la historia política venezolana.
III. Democracia y declive (1958–1998)
El 31 de octubre de 1958, los principales partidos políticos firmaron el pacto de Punto Fijo para respetar los resultados electorales y trabajar juntos para evitar una dictadura.[7] Las ganancias del petróleo impulsaron el desarrollo del país hasta el colapso de los precios del crudo en los años 80. Esto provocó un aumento de la pobreza, la desigualdad y la corrupción. El 27 de febrero de 1989 tuvo lugar una rebelión popular a nivel nacional, conocida como El Caracazo. Como lo explica Julien Terrié:
“Alors que les banques et les postes de police sont ravagés, on constate que la révolte garde une logique : les pharmacies, les hôpitaux et les écoles sont épargnés.”[8]
[Mientras los bancos y las comisarías son devastados, se observa que la revuelta sigue una lógica: las farmacias, los hospitales y las escuelas son respetados.]
Para 1992, Hugo Chávez encabezaba un golpe de Estado que intentó —sin éxito— derrocar al sistema vigente, al que el International Crisis Group definió como una “democracia clientelar”[9]
IV. Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana (1998–2013)
La crisis política que atraviesa hoy Venezuela se origina en un giro radical que comenzó décadas atrás con el ascenso de Hugo Chávez, cuya dirección prometía transformar profundamente la estructura de poder del país. Como dijo Julie Turkewitz:
“Hace una generación, un exoficial militar carismático ascendió al cargo más alto de Venezuela con la promesa de instaurar una democracia más inclusiva, un sistema para el pueblo que trasladaría las palancas del poder de la élite política al pueblo.”[10]
Ese hombre fue Hugo Chávez, quien se convirtió exitosamente en presidente en 1998 por voto electoral. Su régimen se caracterizó por un discurso antiélite, antiestadounidense y en favor de los pobres. El 15 de diciembre de 1999, creó una nueva constitución y rebautizó al país como República Bolivariana de Venezuela.[11] Su gobierno utilizó los ingresos petroleros para financiar las Misiones, programas destinados a combatir la pobreza en áreas como la salud, la educación, la alimentación y la vivienda.[12] Pero las cosas empezaron a cambiar cuando Chávez adoptó un enfoque autoritario; centralizó el poder, debilitó los contrapesos institucionales y silenció a los medios de comunicación. Phil Gunson, analista del International Crisis Group, escribió lo siguiente:
“Él era el líder mesiánico. Iba a guiarlos hacia la tierra prometida, y todo lo que se interpusiera en el camino era una molestia para él: cualquier control y equilibrio, la división de poderes, cualquier tipo de sociedad civil, prensa libre, todo eso. Solo eran molestias que estorbaban.”[13]
Esta cita revela cómo Chávez se posicionó como una figura salvadora, afirmando actuar en nombre del pueblo mientras desmantelaba sistemáticamente las instituciones democráticas que limitaban su poder.
En el libro Cómo mueren las democracias de Steve Levitsky, se plantea que el gobierno de Chávez constituía un “autoritarismo competitivo […] el gobierno abusa del poder y viola los derechos de tal manera que la oposición compite en un terreno desigual.”[14] Levitsky resalta un hecho importante: todavía existía un terreno de juego y una oposición, una amenaza creíble para el régimen de Chávez. Todo eso cambió cuando Chávez murió en 2013 y su sucesor designado, Nicolás Maduro, asumió el poder.
V. Nicolás Maduro y el descenso al caos (2013–Presente)
La principal preocupación de Maduro eran los precios del petróleo en caída libre y una economía en espiral, extremadamente dependiente de los ingresos petroleros. Pronto, la hiperinflación, el hambre, los apagones y la escasez de medicamentos se convirtieron en la nueva normalidad. El Fondo Monetario Internacional declaró que “se proyecta un aumento de la inflación al 1.000.000 por ciento para finales de 2018.”[15] Con la hiperinflación, el bolívar se volvió inútil, lo que llevó al uso generalizado de dólares del mercado negro.[16]
Como consecuencia, las Guarimbas de 2014 —una oleada de protestas lideradas por estudiantes y provocadas por la inseguridad, el colapso económico y la represión— estallaron por todo el país. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró al menos 6.369 protestas en la primera mitad de 2014. Un promedio de 35 protestas por día en todo el país.[17] La organización Human Rights Watch escribió un artículo sobre el uso de la fuerza ilegal en los casos que investigaron:
“En la mayoría de los casos [que] documentaron, las fuerzas de seguridad emplearon fuerza ilegal, incluyendo disparos y golpizas severas a personas desarmadas. Casi todas las víctimas también fueron arrestadas y, durante su detención, sometidas a abusos físicos y psicológicos. En al menos 10 casos, los abusos constituyeron claramente actos de tortura.”[18]
Esto demuestra cómo el gobierno de Maduro utiliza a las fuerzas de seguridad como herramientas de miedo en lugar de protección. Expone cómo el abuso sistemático y la tortura se han normalizado como respuestas ante la protesta, erosionando el Estado de derecho y los derechos humanos básicos.
En 2015 surgió una nueva amenaza para Maduro: la oposición ganó el control del poder legislativo. Maduro encontró la manera de asegurar su poder: en 2017 convocó una votación para la elección de una nueva entidad que se opondría a la Asamblea Nacional. [19] Como afirma Julie Turkewitz: “la votación fue considerada por muchos como una farsa, incluso la empresa encargada del conteo de votos afirmó que el resultado había sido alterado por al menos un millón de votos.”[20]
Esto muestra cómo los procesos democráticos fueron claramente manipulados para mantener al gobierno en el poder.
En abril de 2017, millones de personas protestaron contra la decisión del Tribunal Supremo de despojar de poder a la Asamblea Nacional, una acción vista como un ataque a la democracia. Esta oleada de protestas se tornó violenta, lo que llevó a Human Rights Watch a declarar:
“El gobierno respondió con una violencia y brutalidad generalizadas contra los manifestantes antigubernamentales y los detenidos, y ha negado los derechos procesales de los detenidos. Si bien esta no fue la primera represión bajo el mando de Maduro, el alcance y la severidad de la represión en 2017 alcanzaron niveles no vistos en Venezuela en la memoria reciente.” [21]
En muchas ciudades, la gente no podía salir a la calle sin encontrarse con violencia, gases lacrimógenos o patrullas policiales. Esta atmósfera de represión traumatizó a toda una generación, forzando a muchos al exilio o sometiéndolos a una violencia constante.
VI. Oposición y resistencia
El régimen autoritario de Maduro ya ha sido amenazado en el pasado: en 2018, por Juan Guaidó. Su misión de derrocar a Maduro fracasó, ya que logró obtener el apoyo del pueblo, pero no el de las fuerzas armadas. Aunque fue reconocido como presidente por otros países, su rol fue insignificante, ya que Maduro nunca abandonó el palacio presidencial y conservó su autoridad.[22]
Hoy existe una nueva oposición: María Corina Machado. Expertos afirman que su movimiento ha sido el más significativo desde el chavismo. A pesar de contar con un amplio apoyo, se le impidió presentarse como candidata presidencial, por lo que Edmundo González fue elegido como candidato unitario. Según Andrés Izarra, la diferencia clave es que “el chavismo se unificó en torno a una propuesta ideológica para el país mientras que “el movimiento de María Corina gira en torno al cansancio del pueblo con el madurismo.”[23]
Esta cita demuestra que el apoyo a Machado proviene principalmente del hartazgo generalizado hacia el gobierno de Maduro. Se trata menos de ideología política y más de un deseo colectivo de cambio.
María Corina Machado publicó un artículo en The New York Times donde afirma:
“Los venezolanos están apostándolo todo en las elecciones del domingo. Frente a la intención del presidente Nicolás Maduro de atrincherarse en el poder por seis años más, el movimiento democrático ha construido de forma constante un camino hacia un cambio profundo alrededor de Edmundo González, nuestro candidato presidencial. Mis compatriotas están hartos de todo el odio, la coerción, la corrupción y la miseria provocados por 25 años de tiranía y políticas económicas destructivas bajo el señor Maduro y su predecesor y mentor, Hugo Chávez. Estas son las razones por las cuales aproximadamente una cuarta parte de nuestra población ha emigrado por todo el mundo, incluyendo a cientos de miles hacia Estados Unidos. Una abrumadora mayoría de venezolanos está lista para un cambio. Este sentimiento es palpable en todo el país. A pesar de los cortes de electricidad y combustible, y del acoso constante por parte del régimen de Maduro, enormes multitudes están participando en nuestros eventos de campaña.”[24]
Las palabras de María Corina Machado reflejan la profunda frustración que sienten muchos venezolanos tras décadas de crisis política y económica. A diferencia del fundamento ideológico que definió al chavismo, su movimiento está impulsado por el agotamiento colectivo frente al régimen de Maduro y un deseo compartido de transformación. A pesar de la dura represión y los numerosos obstáculos, la oposición democrática sigue movilizando un apoyo público considerable, demostrando la resiliencia de la sociedad civil venezolana.
El 20 de julio de 2024, el Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró a Maduro como ganador.
“Puedo decirlo frente al pueblo de Venezuela y del mundo: soy Nicolás Maduro Moros, presidente reelecto de la República Bolivariana de Venezuela, y voy a defender nuestra democracia, nuestra ley y a nuestro pueblo”[25], gritó.
Hoy, mientras estallan las protestas, miles de personas alrededor del mundo se manifiestan contra la autoproclamación de Maduro como presidente, a pesar de todas las acusaciones de fraude electoral. La organización Carter, de carácter prodemocrático, afirma que “las elecciones presidenciales de Venezuela en 2024 no cumplieron con los estándares internacionales de integridad electoral y no pueden considerarse democráticas.”[26] Muchos países, como Estados Unidos, la Unión Europea y otros, han intentado aliviar la presión mediante un comunicado conjunto sobre las elecciones venezolanas, sin éxito hasta ahora.
VII. Venezolanos en Estados Unidos
El 19 de mayo de 2025, la Corte Suprema permitió al gobierno de Trump eliminar el TPS para casi 350.000 inmigrantes venezolanos.[27] Este programa les permitía permanecer en Estados Unidos sin riesgo de deportación. Como explican Abbie VanSickle y Adam Liptak:
“El programa de Estatus de Protección Temporal, aprobado por el Congreso y promulgado por el presidente George H.W. Bush, permite que migrantes provenientes de países que han sufrido desastres naturales, conflictos armados u otras inestabilidades extraordinarias vivan y trabajen legalmente en Estados Unidos.”[28]
Para muchos venezolanos, la pérdida del TPS significa el riesgo de ser devueltos a un país que aún enfrenta persecución política, colapso económico y una crisis humanitaria. Incluso hoy, miles viven en la incertidumbre, sin saber cuál es su estatus legal ni qué les depara el futuro. Esto demuestra lo vulnerables que pueden ser las comunidades migrantes cuando cambian las políticas migratorias.
VIII. El impacto humano y conclusión
Hoy en día, los venezolanos —tanto los que viven dentro como fuera del país— viven en una constante inestabilidad. Temen ser arrestados ellos o sus seres queridos, temen que les corten el suministro eléctrico o el acceso al agua potable durante semanas. Evitan expresar sus opiniones por el simple miedo a los militares, que actúan con violencia. La crisis de Venezuela no es solo política, es personal. En este contexto, la historia no es solo un telón de fondo: es herencia, trauma y añoranza. Esta realidad constituye el núcleo emocional de los relatos que estoy escribiendo. Reflejan la complejidad emocional, histórica y social que se esconde detrás de los titulares.
[1] Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[2] UNHCR. "Emergency Appeal, Venezuela Situation." UNHCR, https://www.unhcr.org/emergencies/venezuela-situation.
[3] Allain Graux. De Simon Bolivar à Hugo Chavez : Un panorama sur la República Bolivariana de Venezuela (Paris : Les points sur les i, 2013), 33.
[4] “PÉREZ JIMÉNEZ MARCOS (1914-2001)”, Encyclopædia Universalis, Encyclopædia Britannica, Inc., https://www.universalis.fr/encyclopedie/marcos-perez-jimenez/
[5] Karenina Velandia and Charlie Newland. “El Helicoide: From an icon to an infamous Venezuelan jail” BBC News, https://www.bbc.com/news/world-latin-america-46864864
[6] Allain Graux. De Simon Bolivar à Hugo Chavez : Un panorama sur la República Bolivariana de Venezuela (Paris : Les points sur les i, 2013), 33.
[7] Graux, De Simon Bolivar à Hugo Chavez, 35.
[8] Terrié, Julien. Quoted in Allain Graux, De Simon Bolivar à Hugo Chavez : Un panorama sur la República Bolivariana de Venezuela (Paris : Les points sur les i, 2013), 42-43.
[9] Phil Gunson, quoted in Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[10] Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[11] Allain Graux, De Simon Bolivar à Hugo Chavez : Un panorama sur la República Bolivariana de Venezuela (Paris : Les points sur les i, 2013), 58.
[12]Graux, De Simon Bolivar à Hugo Chavez,80.
[13] Phil Gunson, quoted in Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[14] Steve Levitsky, quoted in Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[15] International Monetary Fund, quoted in Casey, Nicholas. "Venezuela inflation could reach one million percent by year’s end." The New York Times, 2018, https://www.nytimes.com/2018/07/23/world/americas/venezuela-inflation-crisis.html?searchResultPosition=8.
[16] Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[17] “Conflictividad social en Venezuela en el primer semestre de 2014,” Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, https://www.observatoriodeconflictos.org.ve/tendencias-de-la-conflictividad/conflictividad-social-en-venezuela-en-el-primer-semestre-de-2014.
[18] Human Rights Watch, Punished for Protesting: Rights Violations in Venezuela’s Streets, Detention Centers, and Justice System, May 5, 2014, https://www.hrw.org/report/2014/05/05/punished-protesting/rights-violations-venezuelas-streets-detention-centers-and.
[19] Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[20] Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30
[21] Human Rights Watch, Crackdown on Dissent : brutality, torture and political persecution in Venezuela, November 29, 2017, https://www.hrw.org/report/2014/05/05/punished-protesting/rights-violations-venezuelas-streets-detention-centers-and.
[22] Herrera, Isayen, and Genevieve Glatsky. "Juan Guaidó is voted out as Leader of Venezuela’s Opposition." The New York Times, 2024, https://www.nytimes.com/2022/12/30/world/americas/venezuela-opposition-juan-guaido.html.
[23] Andrés Izarra, quoted in Turkewitz, Julie. “What Happened to Venezuela’s Democracy?” The New York Times, www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30.
[24] Machado, Maria Corina. “Venezuela is ready for change. Maduro must allow it.” The New York Times, 28 July 2024, https://www.nytimes.com/2024/07/26/opinion/venezuela-elections-gonzalez-maduro.html.
[25] Nicolás Maduro, quoted in Vanessa Buschschlüter. “Venezuela election: Maduro declared winner in disputed vote,” BBC News, July 29, 2024, https://www.bbc.com/news/articles/cz5rj2mzgevo..
[26] The Carter Center. “Carter Center statement on Venezuela Election”, 30 July 2024, https://www.cartercenter.org/news/pr/2024/venezuela-073024.html.
[27] VanSickle, Abbie, and Liptak, Adam. "Supreme Court lets Trump lift deportation protections for Venezuelans," The New York Times, May 19, 2025, https://www.nytimes.com/2025/05/19/us/politics/supreme-court-protected-status-venezuelans.html.
[28] VanSickle, Abbie, and Liptak, Adam. "Supreme Court lets Trump lift deportation protections for Venezuelans," The New York Times, May 19, 2025, https://www.ny
Mezclando ficción e historia:
El rol de la literatura al escribir verdades a través de mentiras
“La ficción es la mentira que dice la verdad.” [1]
Esta paradoja define el género más poderoso de la literatura. La ficción se entiende comúnmente como el género literario que retrata personajes y eventos imaginarios. Aunque está fabricada, la ficción se utiliza a menudo como una herramienta para transmitir ideas profundamente reales y concretas. Un buen ejemplo de ello es Los Hunger games: nadie ha oído hablar jamás de una Katniss Everdeen real ni de un juego donde se sacrifica a niños de trece distritos por entretenimiento. Sin embargo, todos podemos reconocer paralelismos evidentes con la sociedad en la que vivimos, desde el espectáculo de la violencia en la prensa hasta la desigualdad económica. Suzanne Collins evoca verdades que podrían haber perdido su fuerza emocional en un formato no ficticio. Como dice Tim O'Brien “Para eso sirve la ficción. Sirve para llegar a la verdad cuando la verdad no es suficiente por sí sola.”[2] A través de nuestra imaginación, logramos una comprensión más profunda de lo que el autor está transmitiendo.
Si bien la ficción puede reflejar verdades sociales, su impacto es aún mayor cuando se entrelaza con eventos históricos reales. Como explican James Johnson y David Ebert “La ficción histórica logra lo que casi ninguna biografía o libro de texto puede: da vida a la historia, llevándola a un nivel de implicación completamente absorbente.”[3] Según la enciclopedia Britannica, la ficción histórica es “una novela cuyo escenario se sitúa en un periodo histórico e intenta transmitir el espíritu, las costumbres y las condiciones sociales de una época pasada con detalle realista.”[4] El teórico literario Hayden White invita a reflexionar sobre el rol de la narrativa no solo en la escritura histórica, sino en la cultura humana en general. Argumenta que contar historias es un método universal para dar sentido a la experiencia, unir culturas y traducir el conocimiento en significado. Basándose en este punto, Barthes subraya la universalidad de la narrativa, describiéndola como “simplemente ahí, como la vida misma… internacional, transhistórica, transcultural.” [5]
Esa cualidad universal de la narrativa explica cómo la ficción histórica hace que los acontecimientos reales sean más accesibles o emotivos, cómo llena los vacíos no documentados de la historia, especialmente cuando el registro es incompleto, sesgado o traumático.
Como demuestra Chimamanda Ngozi Adichie en su colección de relatos The Thing around your Neck, las narrativas personales y la historia están entrelazadas. Al resaltar el aspecto humano, logra despertar emociones e inspirar una reconciliación con el pasado.
En su charla TED “The danger of a single story” Adichie afirma:
“Las historias han sido utilizadas para despojar y para calumniar, pero también pueden usarse para empoderar y humanizar. Las historias pueden romper la dignidad de un pueblo, pero también pueden repararla.”[6]
Esta cita subraya el doble poder del relato: destruir o reconstruir. Naturalmente, existen implicaciones éticas al mezclar ficción con verdad histórica. Los lectores podrían no distinguir entre hecho e invención. Esto puede ser poderoso o engañoso, ya que los eventos reales son complejos y matizados. La ficción puede simplificarlos o romantizarlos. Esto nos lleva a una pregunta esencial: cuando la ficción se encuentra con la historia, ¿dónde está la línea entre el relato y la distorsión? Autores como Chimamanda Ngozi Adichie y Gaël Faye exploran este límite con cuidado e intención.
En The Thing around your Neck, Adichie usa la ficción para explorar la historia de Nigeria. Se enfoca en verdades emocionales al retratar las experiencias vividas por mujeres, migrantes y sus traumas. Al situar sus historias en contextos sociales e históricos reales, desafía la idea de una “única historia de Nigeria”. En “The Headstrong Historian”, Adichie recupera las historias y culturas borradas por los relatos coloniales a través del personaje de Afamefuna. Aunque Afamefuna es un personaje ficticio y su historia está imaginada, representa a muchas personas reales cuyas voces fueron silenciadas, mostrando cómo la ficción puede dar voz al pasado de una manera que lo respeta, lo honra y lo completa.
Gaël Faye adopta un enfoque similar en su autobiografía ficticia Petit Pays. Retrata la historia de crecimiento de Gabriel, un niño franco-ruandés que crece en Burundi durante los años noventa, cuando estalla la guerra civil y el genocidio ruandés vecino ensombrece su vida. Explora cómo los niños procesan la guerra, cómo se forma la memoria y cómo la ficción se convierte en un medio de sanación. En una entrevista, Faye dice que quería:
“retrouver les sensations de l’enfance […] la guerre avait chassé ce souvenir-là de l’enfance heureuse et je voulais retrouver ces sensations-là”[7]
(“recuperar las sensaciones de la infancia […] la guerra había expulsado ese recuerdo de una infancia feliz, y yo quería reencontrarme con esas sensaciones”).
A través de su escritura ficticia, Faye se reconecta y se reconcilia con su pasado, mostrando cómo la literatura de ficción puede rescatar una historia perdida.
En conclusión, aunque imaginaria, la ficción a menudo encierra verdades más profundas que los formatos basados en hechos. Los Huner games critican la falta de empatía y la desigualdad modernas a través de una lente distópica. Adichie da voz a los silenciados a través de la verdad emocional y la reflexión poscolonial. Faye utiliza la ficción para recuperar memorias perdidas y procesar traumas personales y colectivos. A diferencia de la no ficción, la ficción permite la empatía, la resonancia emocional y hace que la historia sea más accesible y humana porque trasciende las barreras internacionales, transhistóricas y transculturales. Pero mezclar ficción con historia debe hacerse con responsabilidad, para honrar, no distorsionar. En un mundo de medias verdades y memorias incompletas, la ficción sigue siendo un espacio poderoso para explorar, preservar y humanizar la historia.
[1] Gaiman, Neil. Art Matters: Because Your Imagination Can Change the World. Illustrated by Chris Riddell, Headline, 2018.
[2] O’Brien, Tim. The Things They Carried. Houghton Mifflin, 1990.
[3] Johnson, James M., and David J. Ebert. “Using Historical Fiction to Make History Engaging.” Hamline University Capstone Projects, 1992, accessed June 26, 2025, digitalcommons.hamline.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1781&context=hse_cp.
[4] Encyclopaedia Britannica, “Historical Fiction,” accessed June 9, 2025, https://www.britannica.com/search?query=historical+fiction&ct=
[5] Roland Barthes, "Introduction to the Structural Analysis of Narratives," Image, Music, Text, trans. Stephen Heath (New York, 1977), 79.
[6] Adichie, Chimamanda Ngozi. “The danger of a single story”, uploaded by TED, Oct. 7, 2009, https://www.youtube.com/watch?v=D9Ihs241zeg&list=TLPQMTcwNTIwMjUTTKccFCGyDA&index=.
[7] “Interview de Gaël Faye pour son nouveau roman Petit pays”, Oct. 5, 2016, l’actu littéraire, https://www.youtube.com/watch?v=42t-f8qnL0I
Mi papel en esta lucha
Toda mi vida me han dicho que hablo “como una española” o me han preguntado de dónde soy porque la gente no reconoce mi acento. La verdad es que nunca he tenido un solo lugar de donde sentirme. Nací en Barcelona, de padre español y madre venezolana. Mi mamá se fue de Venezuela en 2003 y se mudó a España, donde conoció a mi papá y me tuvo a mí. Los tres tuvimos que irnos de España en 2009, cuando mis padres perdieron sus trabajos por la crisis económica. Vivimos en Ginebra, luego en Lausana, y en 2015 nos mudamos todos a Washington D.C. por el trabajo de mi papá. En 2019 volvimos a Lausana, donde vivimos desde entonces. Vengo de Barcelona, de Caracas, de DC y de Lausana; todos son mis hogares. Y hoy, uno de mis hogares está en llamas.
Mi mamá siempre me ha mantenido conectada con mis raíces venezolanas a través de cuentos, canciones, bailes y comida. Comemos arepas para desayunar cada par de semanas y preparamos hallacas en Navidad. Recuerdo que, desde que era pequeña, me contaba lo hermosos que son los paisajes: las playas, las montañas, la selva y los llanos. Me prometió que un día escalaríamos el Auyán-tepui y veríamos el Salto Ángel. Hemos visitado a mi familia en Venezuela un par de veces, sobre todo en Navidad hace dos y tres años. Pero eso no cambia la realidad: tengo un hogar al que no puedo volver de verdad.
Vivir lejos de tu tierra es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Siempre estaré agradecida de que mi mamá haya podido irse y darme una vida mejor, pero al mismo tiempo me siento culpable porque otros no tuvieron la misma oportunidad. Me siento culpable por vivir con tantos privilegios mientras otros apenas tienen lo necesario para sobrevivir. Lo peor es que la gente está sufriendo, y muy pocos lo saben o hacen algo al respecto.
Tal vez no puedo controlar dónde nací ni los privilegios que tengo, pero sí puedo alzar la voz y crear conciencia para que la crisis de Venezuela se vuelva imposible de ignorar.
Temática
El objetivo de mi TM (travail de maturité) es explorar cómo las crisis políticas y económicas a lo largo de la historia han moldeado las vidas de los venezolanos, tanto dentro como fuera del país. Mi intención es crear conciencia sobre lo que está ocurriendo actualmente en Venezuela y cómo hemos llegado hasta este punto. Al darle voz a las experiencias humanas que hay detrás de la prensa, espero ofrecer una mirada distinta sobre esta guerra poco reportada y casi desconocida que estamos luchando. Lo haré mediante relatos cortos que son ficticios pero inspirados en hechos reales y testimonios verdaderos, situados dentro de un contexto histórico auténtico. Me inspiro profundamente en Petit Pays de Gaël Faye y The Thing around your Neck de Chimamanda Ngozi Adichie, tanto en los temas como en la técnica, todo mientras transmito un mensaje de esperanza.
Los siguientes cuatro relatos son narraciones ficticias inspiradas en hechos históricos reales y testimonios de la crisis venezolana. Exploran temas como el exilio, la memoria, el trauma y la identidad cultural desde perspectivas personales e íntimas. Juntos, conforman el núcleo creativo de mi TM.
V.V.
Víctimas Venezolanas
La lluvia golpeando contra tu ventana te despertó esta mañana. Gimes. Caminas hacia la cocina. Mientras te sirves una taza de café, echas un vistazo al calendario. Ves una gran mancha negra de ira en el lugar donde debería estar el pequeño recuadro que dice 18 de marzo de 2018. Si tan solo el calendario supiera que hace un año hoy fue el día… Ni siquiera puedes decirlo. Miras la hora y te das cuenta de que vas tarde, como siempre, así que agarras tu bolso frenéticamente y sales casi corriendo por la puerta. Llegas a la parada del bus a tiempo, gracias a Dios. Tomas el último asiento vacío que queda. El chico sentado a tu lado te mira fijamente y te preguntas qué diablos quiere. Quizás es porque todavía estás en pijama, el rímel de anoche corrido en tus párpados o que tu bolso está medio abierto. Él sonríe, te da una tarjeta y se baja del bus. La lees. Entiendes por qué te miraba así, te reconoció por el artículo. Imbécil. Nunca debiste haber dado ese testimonio. No sabes por qué, pero en vez de romper la tarjeta en mil pedazos, la lees y la guardas en tu bolso.
Pasas toda la mañana en clase, tu mente está en otro lado, pensando en la tarjeta. Decía Víctimas Venezolanas, un grupo de apoyo para personas afectadas por la crisis, todo el día, cualquier día. Intentas concentrarte en la clase, pero la sensación de la tarjeta mirándote desde tu bolso te carcome por dentro.
De repente te levantas sin pensar, como un reflejo. Sales corriendo del aula y comienzas a caminar. ¿Hacia dónde? Ya sabes a dónde.
Abres la puerta y ves a un grupo de personas sentadas en círculo escuchándose hablar. Tu corazón late rápido, todo lo que quieres es salir corriendo, pero el chico del autobús nota que entras, sonríe y te toma una silla. Le odias por haberte traído aquí. Aun así, le das una media sonrisa. Te sientas.
—¿Quién quiere seguir? ¿Nuestro miembro nuevo, tal vez? dice el mediador, mirándote.
Sí, ni de broma. Te giras para mirar al chico del bus, tus ojos dicen “me traicionaste”. Él nota tu incomodidad y entonces interviene:
—¡Yo puedo! Hola a todos, soy Samuel. He venido a las reuniones durante poco más de un año. Me costaba encontrar las palabras para los peores días de mi vida, pero finalmente he aceptado contar mi historia. Ahí va nada. Lo último que recuerdo es a un oficial militar gritando a mi amigo. Luego nada. Cuando desperté, sentí aire frío y húmedo llenando mis pulmones. El hedor a óxido y cloro quemaba mis fosas nasales. Todo estaba en silencio excepto el golpeteo en mi cabeza. Todavía no sé si era por el golpe que me dejó inconsciente o por puro miedo. Habíamos estado protestando pacíficamente en las guarimbas de 2014. Maduro acababa de asumir el poder y la inflación estaba en niveles récord. Un grupo de estudiantes decidimos salir a luchar por nuestro futuro. Estábamos en primera línea. Los oficiales militares recibieron la orden de usar la fuerza. Fue entonces cuando me dejaron inconsciente y me robaron ocho meses de mi vida. Cuando finalmente me liberaron, pedí un traslado a UCLA, me fui y nunca miré atrás. Hasta hace poco había cortado totalmente los lazos con quien era entonces, con todo, con todos los que conocía. Excepto con mi mamá. Estoy intentando reconectar y estar en paz con lo que pasó es el primer paso.
Sus palabras te golpean como ácido en la garganta. Tragas saliva, pero no desaparece. El pecho se te aprieta. Parpadeas frenéticamente. La sensación sube, caliente, insoportable. Sales corriendo y vomitas en la acera.
Este año es la música alta de tu vecino la que te despierta. Te levantas de la cama, tiras tu ropa sobre una silla y vas hacia la ducha. La enciendes y la dejas calentar mientras recoges unas cosas. De repente no estás en tu baño humeante, sino que estás allí de nuevo, cubierta de su sangre tibia. Te congelas. El pecho se te aprieta. Entonces vuelves a la realidad y bajas la temperatura de la ducha. Estás desayunando: pizza de anoche, un trozo de mango y una taza de café. Sientes la mirada del calendario sobre ti mientras terminas de prepararte. Es ese día otra vez. Agarras tu bolso, cierras la puerta con llave y caminas hacia la parada del bus. Por primera vez llegas antes que el bus, así que te sientas en el banco junto a una viejita. Ella es charlatana. Pregunta si vas a clase, asientes y dices que vas a UCLA. Se emociona y dice que tal vez conozcas a su nieta. Tiene el pelo castaño, es alta, estudia psicología. Tiene una hermana que está en Ciencias Biomédicas.
—¿Tienes hermana? pregunta.
Te congelas.
—¿Yo? S-sí, tengo. Se te aprieta la garganta.
—¿También va a UCLA? pregunta.
—Algo así.
Recuerdas el bus. La tarjeta. Él.
Todo el día, su voz retumba en tu cabeza. Su nieta. Su hermana. Tu hermana. Ese chico del bus. Esa tarjeta. Cuando termina tu última clase, recoges y comienzas a ir a casa. Pero al salir del edificio, no vas hacia la parada del bus. Comienzas a caminar y te encuentras aquí de nuevo. Dudas en entrar. Esto es una tontería, piensas, y cuando te das la vuelta para ir a casa, el chico del bus aparece de la nada.
—No estaba seguro de que volvieras. Por cierto, soy Samuel.
Te asustas y, antes de poder pensar en salir corriendo, él te toma del hombro y te guía hacia la reunión. Tu mente te dice que te vayas, pero descubres que tus pies se mueven hacia la puerta.
Te sientas en el círculo e imaginas decir algo. Imaginas sus caras asintiendo, esperando. Oyes tu voz decir: «Fue mi hermana, estábamos en la peluquería cuando» Luego borras toda la escena de tu mente, como un archivo que no estás lista para abrir. Escuchas con atención las historias y pensamientos de todos.
—¿Cómo es que cada vez que creo que finalmente he avanzado, el universo me hace caer de bruces? Un sentimiento que conoces muy bien. Todos hablan, intercambian pensamientos, y de repente no sabes por qué lo haces. Tu mano se levanta como si no te perteneciera. Comienzas a explicar lo que pasó ese día. Estabas en la peluquería con tu hermana mayor haciéndote el cabello cuando de repente entraron oficiales militares buscando a manifestantes que habían huido y se habían escondido.
—Me estaban lavando el cabello y lo que pasó después cambió mi vida para siempre.
El olor de su sangre se adhiere a cada uno de tus pensamientos. Cada vez que cierras los ojos, escuchas el disparo.
Este año estás durmiendo plácidamente cuando sientes el sol de la mañana en tu rostro. Mierda. Llegas tarde otra vez. Te cambias rápido, tomas algo para comer y sales corriendo. Olvidaste las llaves dentro, así que regresas y buscas frenéticamente una señal de ellas. Las ves en la mesa de la cocina, bajo el calendario. Sonríes con nostalgia al ver la fecha de hoy, una lágrima solitaria baja por tu cachete. Un sentimiento de orgullo te invade. Te das cuenta en ese momento lo lejos que has llegado. Cierras la puerta con llave y corres hacia la parada del bus y por algún milagro no lo pierdes.
Vas caminando a la reunión y ves un carrito de café en el camino. Te detienes a comprar un latte helado y sientes un toque en el hombro.
—¡Hey Samu! ¡Cuánto tiempo! le dices abrazándolo. Se habían hecho amigos después de intercambiar números. Incluso te había invitado un par de veces a salir. Conociste a muchos de sus amigos y a su novia, que también van a UCLA. Incluso tomaste clases con algunos de ellos.
—¿Lista? pregunta.
—Tan lista como puedo estarlo respondes con una risa nerviosa.
—Bienvenidos todos, soy Samuel. He venido a las reuniones de V.V. durante un tiempo y recientemente me convertí en mediador porque quiero devolver al programa que me dio a mí y a muchos otros un espacio seguro para llorar, conectar y recordar dice, mirándote con orgullo.
—¿Quién quiere empezar?
Respiras hondo.
Esta vez, levantas la mano voluntariamente.
22 de diciembre
«Atención por favor, este es la última llamada para el embarque del vuelo UX78 con destino a Caracas. Por favor, aborden el avión de inmediato».
No había escuchado esas palabras en mucho tiempo. Demasiado tiempo.
—¿Viajas solo?
—Sí, ¿y tú? le pregunté, mirándolo.
—Con mi familia. Están allá atrás, respondió, señalando el fondo del avión. ¿Y tú? ¿Vas seguido o qué?
—No mucho, es algo de una sola vez. No sé, chamo, lo veo arriesgado, pero no tengo mucha opción, mi mamá está enferma.
Chamo. Hacía siglos que no decía esa palabra.
Mientras veía los minutos hasta el aterrizaje esfumarse, sentí cómo mis manos se volvían sudorosas y el corazón me latía con fuerza. Una ola interminable de "¿y si?" invadía mi mente. Al cruzar apresurado el aeropuerto de Simón Bolívar, no podía escapar del zumbido en mis oídos. Los pasillos que una vez recorrí con esperanza por un nuevo comienzo ahora parecían acusarme, condenarme por haberme ido de casa.
—¡Samuel! Ay, mi amor, te he extrañado.
El sonido de su voz me sacó de los pensamientos que me inundaban. Corrí hacia mi mamá. Ella era el hogar que siempre había llevado conmigo, en un rincón especial del corazón.
—¿Cómo estuvo el viaje? ¿Dormiste? ¿Cómo estaba la comida? ¿Tienes hambre? Ven, ven, vámonos a casa.
Su preocupación constante que antes me fastidiaba, ahora me resultaba extrañamente reconfortante.
Manejar por la autopista me dejó en shock. Esperaba encontrar cadáveres, accidentes, horrores como advertían los titulares. Pero todo lo que vi fue la vegetación desbordándose sobre la carretera llena de baches. El viento cálido en mi cara, como una manta suave, me trajo de vuelta a todas esas veces que iba en mi jeep camino a la universidad o de regreso de una noche de fiesta. El olor a gasolina me recordó el día en que mi amigo y yo queríamos ir a la playa. Primero fuimos a llenar el tanque y, al llegar a la gasolinera, la cola era tan larga que los carros daban dos vueltas a la cuadra.
Me reí, recordando cómo habíamos perdido toda la tarde sudando bajo el sol inclemente. No en una playa de arena blanca, sino esperando por gasolina. Absurdo, y sin embargo, de alguna forma, familiar. Incluso reconfortante.
Qué extraño, extrañar lo que una vez te hizo enojar tanto.
—¿De qué te ríes? preguntó mi mamá.
—De nada, solo pensaba en un recuerdo feliz.
La nostalgia encontró refugio en mi corazón. Pero esa sensación ligera se agrió rápidamente cuando la culpa se instaló en mi estómago.
—Te he extrañado, ¿sabes? dijo ella suavemente, casi como si hablara consigo misma.
—Lo sé, Ma. Yo también te he extrañado. ¿Qué dijeron los doctores?
—En realidad no fui a la cita.
¿Qué? ¿Por qué?, pensé.
—En verdad… no estoy enferma.
—¿¡Mentiste!? Que bo-
—Un día despertaste y te fuiste. ¡No te hemos visto desde el 2014! ¡Son como cinco años! ¡Era la única forma de que volvieras! explotó, interrumpiéndome.
—Más bien son cuatro, pero ese no es el punto. No puedo creer que me hayas mentido así. Eso está muy mal, incluso para ti, mamá.
—Cuando te fuiste, no solo me dejaste a mí, ¡dejaste una parte de ti también! Antes luchabas por este país, por nuestros derechos, por tu futuro, ¡pero cuando se puso difícil abandonaste todo! Cuando te fuiste cerraste la puerta detrás de ti, ¡olvidaste de dónde vienes! ¡A la gente, a la cultura que traicionaste! Casi ni puedes llamarte venezolano ya, y lo sabes.
—No creo que eso sea justo. Sé que te dolió, pero ¿qué se suponía que hiciera? Después del… incidente, me sentía atrapado aquí. ¡Me estaba ahogando! Así que cuando me dieron una beca completa para estudiar en UCLA, no podía rechazarla. ¡Era mi salida! Además, hasta donde sé, soy un hombre adulto; quería irme, y me fui.
—Tienes razón, Samuel. Eres un adulto, dijo ella en voz baja, mirando por la ventana.
Entrar a mi casa de infancia fue como atravesar un portal en el tiempo. Los mismos portarretratos cubrían las paredes, las mismas flores asomaban por las ventanas del salón, los mismos pisos color terracota manchaban mis medias blancas. Me quité los zapatos y dejé mi maleta sobre el sofá del salón donde sonaban gaitas suavemente de fondo, su ritmo llenando el cuarto de recuerdos. Caminé a la cocina y el olor a hallacas inundó mi nariz. El olor de la Navidad me abrazaba con cariño. El bol de pollo desmenuzado me recordó todas las veces que de niño tenía que ayudar con eso. Separabas un pedazo, comías un poquito a escondidas y echabas el resto en el bol.
—¡No te comas todo el pollo, mijo!
Rápidamente robé un pedazo antes de que mi mamá entrara a la cocina.
Abrí la nevera para servirme un vaso de agua y vi un gran bol de gelatina de fresa, mi favorita. Serví un poco en un tazón y le eché leche condensada por encima. Me llevé mi merienda afuera y me senté en el sofá abollado.
Quizás mi mamá tenía razón. ¿A quién quería engañar? Por supuesto que la tenía. Cuando me fui, cerré todo. Pero al hacerlo, me desconecté de mis raíces, de mí mismo. Desde afuera, Venezuela parecía oscura. Todo lo que escuchaba me hacía pensar en Venezuela como un lugar triste, roto. Volver fue un gran impacto. Recordé lo hermoso que aún es todo, a pesar de los problemas. Recordé la música, la comida, la gente, nuestra resiliencia, pero también nuestras ganas de protestar por lo que creemos justo. Recordé que esto es mi hogar. Tenía que hacer las paces con lo que me había pasado para poder reconectar con todo lo que había perdido.
Encontré un programa que ayuda a inmigrantes venezolanos a lidiar con su trauma. Poco a poco, sentí un cambio. Empecé a volver a casa más seguido y convencí a mi mamá de venir conmigo también. Como una cicatriz que sana, mi país, mi hogar, dejó de darme miedo. Comencé a limpiar la casa al ritmo del merengue, como hacía mi mamá, y a hacer arepas todos los domingos. Más tarde encontré amigos y a mi increíble esposa, quienes me recuerdan cada día lo que significa ser venezolano. Esa Navidad fue una llamada de atención. Quería volver, no solo a mi país, sino al a mi ser complicado y hermoso que casi había perdido.
Guaguancó
Una mezcla contagiosa de carisma, ritmo, energía, sazón y orgullo cultural. Una vibra que te hace sentir conectado, vivo y como en casa al instante.
La música del bar retumba en mi pecho, pero lo único en lo que puedo concentrarme es en los masticados ruidosos de mi cita. Su masticar. Pedazos de comida a medio triturar se asoman cada vez que abre la boca para hablar. Obviamente, solo hablamos de él. Su trabajo. Sus hobbies. Sus panas.
La camarera deja la carta de postres y siento que por fin puedo respirar. Al alejarse, mi cita le echa una mirada descarada.
Típico.
Ya no lo soporto, así que murmuro algo sobre ir al baño y me voy.
—¡Yaaaa llegué! dejo el bolso en el suelo y me lanzo al sofá con mi hermana.
—¿Tan pronto? Ay no, ¿qué pasó esta vez? dice con un tono sarcástico.
—Tenías razón. Nunca debí ir a esa cita. Es solo que… no sé, pensé que tal vez este sería distinto.
—Chama, te entiendo. Yo no he tenido una cita decente con un gringo. Jamás.
—O sea, seguro que hay unos buenos por ahí. Pero te juro que yo elijo los peores.
—Andrea, te lo digo: los gringos no se comparan con los venezolanos. Son más generosos, más intensos, más… hombres.
—¡Sofi! digo con los ojos bien abiertos. ¡No hay manera de que acabas de decir eso! le grito mientras le lanzo un cojín en broma.
—Vamos chama, la noche está joven y tú necesitas un trago.
—Ughhh, pero estoy muuuy cansaaaada, me quejo mientras ella me arrastra.
El olor a sudor y perfume barato me llena la nariz al entrar al bar de luces tenues. El letrero de karaoke parpadea como si estuviera dando su último aliento. Me duele más la cabeza cuando dos chicas borrachas chillan en el micrófono, asesinando una canción de Taylor Swift. Noto lo pegajoso que está el suelo justo cuando mi hermana me arrastra hacia el bartender guapo.
—¡Dos rones con limón, porfa!
—Mujeres con buen gusto, dice el bartender, coqueteando con mi hermana.
Mientras ellos conversan, miro a mi alrededor y cruzo miradas con un tipo con pinta de finance bro. Viene hacia mí. Mierda.
—Hey, dice mientras se lame los labios. ¿De dónde eres? ¿Brasil?
—De Venezuela, respondo, seca.
—Ah... ¿y tienes coca? se ríe.
Qué idiota. Si supiera todo lo que he pasado.
—Epa chamo! mi cabeza se gira de inmediato. Mi sonrisa se ensancha al ver que el tipo lleva puesta una camiseta de la Vinotinto. Está saludando a una de sus panas que toma una Polar. No puede ser. Me doy vuelta hacia mi hermana, que ya me mira con los ojos bien abiertos.
—¿Escuchaste lo que yo escuché?
—Dale, vamooooos, se ríe, tirándome de la mano. ¡Esto es destino!
—No te emociones… todavía.
Me jala del brazo otra vez. El corazón me late con fuerza.
—No jodaaaa. ¿Dónde conseguiste Polar? No la encuentro en ningún latino market de Los Ángeles, le pregunto coqueteando a uno de los panas.
—¡No valeeee! ¿De dónde son ustedes? No hacía falta aclarar qué quería decir. Esa pregunta siempre llevaba algo más que geografía: ¿Eres de los nuestros, verdad?
—De Caracas. ¿Y tú? respondemos al unísono.
—¡Chamaaa, no puede ser! ¡Yo también! Soy Samuel dice mientras agarra mi mano y la besa suavemente.
—Yo soy Andrea y ella es mi hermana mayor, Sofi.
Por un momento, el ruido del bar desaparece. Solo queda la risa, los acentos entrechocando, esa forma tan familiar de estar cerca, de mirarte a los ojos cuando se habla. Él me da una botella fría como si fuera sagrada. Me río y le doy un trago. Sabe a hogar. A los dos minutos ya estamos intercambiando números, barrios, recuerdos de veranos en Los Roques y las arepas que extrañamos de Margarita. Empieza a sonar una canción y la letra da justo en el alma: “Debí tomar más fotos de cuando te tuve, debí darte más besos y abrazos las veces que pude.”
Nos miramos todos y entendemos sin decir ni una palabra.
The talk
Estaba scroleando en mi celular cuando vi un video de una multitud corriendo por los gases lacrimógenos. El pie de foto decía: “#SOSVenezuela”. Fruncí el ceño. Así que le pregunté a mamá. Hizo una pausa, me miró, y luego dijo: “Tenemos que hablar”.
“¡Pensé que habías puesto control parental en su teléfono!”, escuché a mamá gritarle a mi papá. “¡No sé qué decirte, Sofi, lo hice! Ya es hora de contarle lo que está pasando.” ¿Lo que está pasando? “Ella tiene derecho a saber.” ¿Saber qué? Después de lo que parecieron horas, mis padres finalmente entran a mi cuarto. Se sientan a mi lado en la cama.
Ella me mira, luego a mi papá, luego a mí otra vez. ¿Por qué se tarda tanto? Se aclara la garganta.
“¿Te acuerdas de esa vez que te conté la historia de cómo tu tía Andrea y yo vinimos a vivir a Estados Unidos?”, preguntó mamá con duda.
“Sí, por la universidad. Ella quería estudiar aquí en California, y tú viniste con ella, ¿verdad?” Ella asiente.
“Bueno, lo que no te conté es que la universidad a la que íbamos en Caracas llevaba casi un año cerrada.” Fruncí el ceño. “Por los recortes presupuestarios, los profesores no estaban cobrando. Estaban en huelga, así que las aulas estaban vacías. Todos pensábamos que era como unas vacaciones cortas. Algunos hasta hicimos un viaje a Los Roques. Pero el tiempo pasó y la universidad seguía siendo un pueblo fantasma. Incluso nos recomendaron cambiarnos de institución, o tendríamos que repetir el año. La mayoría protestamos, no íbamos a dejar que el gobierno nos echara. Pero entonces, empezó a ponerse... ya sabes.”
“¿A ponerse qué?”, pregunto confundida. No entendía a qué se refería. Empezó a explicarme las protestas y todo lo demás.
“Para entonces, las cosas ya venían empeorando desde hacía tiempo”, añadió. “No eran solo las universidades. Los supermercados estaban vacíos, la gente hacía cola desde las cinco de la mañana solo para encontrar pañales o insulina. Sentíamos que todos hacíamos cola para un futuro que nunca llegaba.”
Mientras mamá hablaba, mi mirada se desvió hacia el oso azul de peluche que descansaba en mi estante. No lo había tocado en años.
“¿Sabes?”, dijo, notando a dónde miraba, “ese oso era mío. Me lo llevé cuando salimos de Caracas.”
Me volví hacia ella.
“Una vez Andrea dijo que yo parecía un oso en medio de un hormiguero. Perdida, vulnerable, y rodeada de cosas que podían picar.”
“¿Como qué?”
Hizo una pausa. Papá le dio un asentimiento tranquilizador, como diciendo tú puedes. “Como todo. Los gases lacrimógenos. Los gritos. Las detenciones. Los estudiantes que intentaban alzar la voz y eran silenciados. Se iba la luz sin previo aviso, a veces durante días. Estudiábamos para los exámenes finales a la luz de las velas, si es que podíamos permitirnos comprarlas. Solo intentábamos vivir, pero se sentía como estar indefensos en medio de un enjambre de peligros. Como si hablar muy alto significara que te aplastaran. Tampoco fue mucho más fácil al llegar a los estados unidos, todo se sentía al revés. Andrea y yo compartíamos un colchón en un estudio, trabajábamos turnos de noche y casi no sabíamos inglés. Pero al menos podíamos respirar.”
Se me cerró la garganta. Pude notar que no le resultaba fácil contarme todo esto. Nunca supe que mi mamá había pasado, por tanto. Era como escuchar hablar de otra persona completamente distinta. Quería abrazarla, pero tenía hambre de más explicaciones.
“¿Alguna vez te arrestaron, como antes de mudarte acá?”, pregunto con cautela.
“A mí no, pero a muchos de mis amigos sí. A tu tío Samuel lo arrestaron por ocho meses, creo. En el Helicoide.”
Creo que mi papá pudo oír mi monólogo interior: ¿Cómo puede alguien hacerle daño a personas inocentes?
“No lo sé, mi amor. Todos estamos igual de confundidos. La mente humana está llena de misterios.”
Esa respuesta no me bastó.
Esa misma noche busqué en mi celular “protestas en Venezuela”. Todo lo que encontré fueron artículos e imágenes que ojalá nunca hubiera visto. Pero, al mismo tiempo, son parte de quién soy. Necesito saberlo todo, lo bueno y lo malo. Volví a mirar al oso azul. Se veía cansado, incluso agotado. Como si compartiera nuestras cargas. Nunca lo volveré a ver igual. Tal vez eso era lo que ella quería protegerme todo este tiempo, no solo de la violencia, sino de esa sensación de que el mundo entero puede desaparecer… y nadie vendrá a ayudar.
Bibliografia
Adichie, Chimamanda Ngozi. “Chimamanda Ngozi Adichie: The danger of a single story,”
uploaded by TED, 7 October 2009, Accessed June 6, 2025. https://www.youtube.com/watch?v=D9Ihs241zeg&list=TLPQMTcwNTIwMjUTTKccFCGyDA&index=1.
Adichie, Chimamanda Ngozi. The Thing Around Your Neck. London: 4th Estate, 2009.
KAKIKA. Voces Venezolanas: Explorando Nuestras Conexiones e
Historias. Google Forms, Accessed June 6, 2025. https://docs.google.com/forms/d/124pSXoOPox4G8M_yNAX2rLf2u3m5SzdTHEl0iPD36C8/edit#responses.
Bad Bunny. "DtMF." DtMF, Rimas Entertainment LLC, 2025.
Bunschschlüter, Vanessa. "Venezuela’s Maduro declared winner in disputed vote." BBC
News, July 29, 2025. Accessed June 6, 2025. https://www.bbc.com/news/articles/cz5rj2mzgevo.
Casey, Nicholas. "Venezuela inflation could reach one million percent by year’s
end." The New York Times, July 23, 2018. Accessed June 6, 2025. 2018, https://www.nytimes.com/2018/07/23/world/americas/venezuela-inflation-crisis.html?searchResultPosition=8.
“Conflictividad social en Venezuela en el primer semestre de 2014.” Observatorio
Venezolano de Conflictividad, July 17, 2014. Accessed June 6, 2025. Social. https://www.observatoriodeconflictos.org.ve/tendencias-de-la-conflictividad/conflictividad-social-en-venezuela-en-el-primer-semestre-de-2014.
Council on Foreign Relations (U.S.). "Venezuela’s Chavez Era." Council on Foreign
Relations. Accessed June 9, 2025. https://www.cfr.org/timeline/venezuelas-chavez-era.
"My grandmother’s memories." Personal testimony.
Faye, Gaël. Petit Pays. Paris: Éditions Grasset & Fasquelle, 2016.
Ferré-Sadurní, Luis, and Juan Arredondo. "5,000 miles, 8 countries: The path to the U.S.
through one family’s eyes." The New York Times, July 8, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/interactive/2024/07/08/nyregion/immigration-us-border-family.html.
Glatsky, Genevieve, and Julie Turkewitz. "Venezuela’s autocrat, accused of stealing
election, seizes third term." The New York Times, January 10, 2025. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2025/01/10/world/americas/nicolas-maduro-venezuela-president.html.
Graux, Allain. De Simon Bolivar à Hugo Chavez Un panorama sur le República
Bolivariana de Venezuela. Paris : Les points sur les i, 2013.
Herrera, Isayen, and Genevieve Glatsky. "Juan Guaidó is voted out as Leader of
Venezuela’s Opposition." The New York Times, December 30, 2022. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2022/12/30/world/americas/venezuela-opposition-juan-guaido.html.
“How fiction can change reality – Jessica Wise,” uploaded by TED-Ed, 23 August 2012.
Accessed June 9, 2025. https://www.youtube.com/watch?v=ctaPAm14L10.
Human Rights Watch. “Crackdown on Dissent : brutality, torture, and political
persecution in Venezuela.” November 29, 2017. Accessed June 9, 2025. https://www.hrw.org/report/2017/11/29/crackdown-dissent/brutality-torture-and-political-persecution-venezuela
Human Rights Watch. “Punished for Protesting: Rights Violations in Venezuela’s Streets,
Detention Centers, and Justice System.” 5 May 2014. Accessed June 9, 2025. https://www.hrw.org/report/2014/05/05/punished-protesting/rights-violations-venezuelas-streets-detention-centers-and.
“Interview de Gaël Faye pour son nouveau roman Petit pays”, L’actu
Littéraire. October 5, 2016. Accessed June 9, 2025. https://www.youtube.com/watch?v=42t-f8qnL0I.
Johnson, James M., and David J. Ebert. Using Historical Fiction to Make History Engaging.
Hamline University Capstone Projects, 1992. Hamline University Digital Commons. Accessed June 26, 2025. https://digitalcommons.hamline.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1781&context=hse_cp.
Machado, Maria Corina. "Venezuela is ready for change. Maduro must allow it." The New
York Times, July 26, 2024. Accessed June 9, 2025.https://www.nytimes.com/2024/07/26/opinion/venezuela-elections-gonzalez-maduro.html?searchResultPosition=2.
Nicas, Jack. "How do you topple a Strongman?" The New York Times,
August 4, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/08/04/world/americas/maduro-regime-venezuela.html.
One Day. Created by Nicole Taylor, performance by Ambika Mod and Leo Woodall,
Netflix, 2024.
Otis, John. "In Venezuela, covering the fallout of a tainted election." The New York Times,
July 30, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/30/insider/in-venezuela-covering-the-fallout-of-a-tainted-election.html?searchResultPosition=8.
Patiño, Roberto. "This is Venezuela’s moment. It needs the world’s help." The New York
Times, July 19, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/19/opinion/venezuela-elections-maduro.html.
“PÉREZ JIMÉNEZ MARCOS (1914–2001).” Encyclopædia Universalis. Encyclopædia
Britannica, Inc. Accessed June 9, 2025. https://www.universalis.fr/encyclopedie/marcos-perez-jimenez/.
Robles, Frances, John Otis, and Alejandro Cegarra. "Protests erupt in Venezuela as
nations denounce elections results." The New York Times, July 29, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/29/world/americas/countries-concern-venezuela-election-results.html?searchResultPosition=39.
Robles, Frances. "Venezuelan election denounced by international monitoring
group." The New York Times, July 31, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/31/world/americas/venezuela-election-carter-center-democracy.html?searchResultPosition=4.
Strout, Elizabeth. Olive Kitteridge. London: Pocket Books, 2008.
The Carter Center. "Carter Center statement on Venezuela Election." The Carter
Center, July 30, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.cartercenter.org/news/pr/2024/venezuela-073024.html.
Turkewitz, Julie, and Isayen Herrera. "The ‘iron lady’ of Venezuela threatens to unseat its
autocrat." The New York Times, July 24, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/24/world/americas/venezuela-election-opposition-machado.html.
Turkewitz, Julie. "In record numbers, Venezuelans risk a deadly trek to reach the U.S.
border." The New York Times, October 7, 2022. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2022/10/07/world/americas/venezuelan-migrants-us-border.html.
Turkewitz, Julie. "What happened to Venezuela’s democracy?" The New York Times,
July 30, 2024. Accessed June 9, 2025. https://www.nytimes.com/2024/07/30/world/americas/venezuela-election-maduro-chavez.html?searchResultPosition=30.
U.S. Department of State. "Joint statement on Venezuela Election." U.S. Department of
State, August 16, 2024. Accessed June 9, 2025. https://2021-2025.state.gov/joint-statement-on-venezuela-election/.
UNHCR. "Emergency appeal, Venezuela
situation." UNHCR, May 2025. Accessed June 9, 2025. https://www.unhcr.org/emergencies/venezuela-situation.
VanSickle, Abbie, and Adam Liptak. “Supreme Court Lets Trump Lift Deportation
Protections for Venezuelans.” The New York Times, 19 May 2025. Accessed June 9, 2025. www.nytimes.com/2025/05/19/us/politics/supreme-court-protected-status-venezuelans.html.
Velandia, Karenina, and Charlie Newland. “El Helicoide: From an Icon to an Infamous
Venezuelan Jail.” BBC News, 24 January 2019. Accessed June 6, 2025. https://www.bbc.com/news/world-latin-america-46864864.
White, Hayden. The Content of the Form: Narrative Discourse and Historical
Representation. Johns Hopkins University Press, 1987.
Yorke, John. Into the Woods. London: Penguin Books, 2013.