Estaría bien que tuvieras un momento para leer esto...
Antes de nada decirte que esto no es ninguna clase de anuncio para que compres o te inscribas...es sólo para leerlo, porque no creo que tengas que pagar por leer lo que estamos viviendo.
Últimamente, estamos rodeados constantemente de pantallas, y cada vez hay más niños y niñas con más problemas de autoestima, seguridad e incluso emocionales. Es cierto que cuesta enseñar a valorar la vida a "personitas" que están creciendo en un entorno como este. Sobre todo cuando los tiempos han cambiado tanto.Porque antes los críos pasaban horas y horas en la calle, haciendo de todo, sin móviles, sin ordenadores, sin nada. Aunque suene un poco precipitado, es una lástima que esas miles de anécdotas y de jaleos en los que se metían haciendo gamberradas ahora se limitan a quedar para sentarse a hablar, sin una pizca de personalidad. Y los críos de ahora no lo entienden, y es normal, porque es dificil comprender y echar en falta algo que nunca has tenido.
Cambiar nuestra prisa de vivir, para poder dejarlos sentir.
La Infancia que no Necesitó Filtros
A veces miramos a nuestro alrededor y parece que el mundo se ha vuelto borroso, acelerado por un torbellino de cristal y luz. Nos tocó ser de la última generación que aprendió a vivir a través del roce y no del scroll.
Nosotros fuimos los niños que medían el tiempo por la puesta de sol y no por el porcentaje de batería. Nuestra infancia no necesitaba filtros; olía a tierra mojada, a crema solar y a tardes eternas en la calle o en el campo. El recreo era inventar juegos con palos y piedras, rasparnos las rodillas y volver a casa solo cuando las farolas se encendían.
Hoy vemos cómo la magia de la desconexión se desvanece, devorada por la inmediatez y la hiperconectividad. Y aunque es cierto que la tecnología nos ha traído muchas cosas buenas, no podemos evitar sentir cierta nostalgia por esa vida que transcurría despacio, donde el aburrimiento era el motor de la imaginación y la aventura empezaba al abrir la puerta de casa.
Nos tocó ser el puente entre dos mundos. Pero incluso en medio de esta era digital, sigamos siendo guardianes de nuestra esencia. Sigamos recordando cómo se siente el viento en la cara, el valor de una conversación mirando a los ojos y la magia de estar presentes. Al fin y al cabo, las mejores cosas de la vida nunca han necesitado estar conectadas a internet.
Porque ya nos hemos convertido en esto...

la capacidad de sentir , escuchar, valorar, .
¡ el poder de una infancia auténtica no tiene precio!