Una calle olvidada que hoy soporta el tráfico por los cierres de La Esperanza

Las vías deterioradas no son un problema nuevo en Villavicencio, sin embargo, existen calles que durante años han permanecido prácticamente en el olvido y que, ante los cierres y obras de las vías principales, terminan convirtiéndose en corredores alternos utilizados por residentes y conductores que buscan evitar los puntos intervenidos, siendo este el caso de una de las calles del sector de La Esperanza en la carrera 43 con calle 15, donde los huecos, las grietas y el deterioro de la superficie vial hacen parte del paisaje cotidiano desde hace un tiempo considerable, sin que hasta ahora se evidencie una solución definitiva.

La situación adquiere mayor relevancia por las obras que actualmente se adelantan sobre la carrera 37H, frente al Colegio Departamental La Esperanza (CDE), un corredor que se encuentra intervenido y presenta un avanzado deterioro, es asi que el cierre de esta vía ha obligado a algunos conductores a utilizar calles cercanas que tampoco se encuentran en condiciones adecuadas para soportar un mayor flujo vehicular, de tal manera que en la calle alterna ubicada en la carrera 43 con calle 15, los huecos no aparecieron de un día para otro, estos han permanecido durante meses y, según habitantes del sector, algunos desde mucho antes, convirtiéndose en parte de la rutina de quienes diariamente deben transitar por allí, es asi como lo que inicialmente pudo ser un daño puntual en la carpeta asfáltica terminó convirtiéndose en una afectación que se ha extendido con el paso del tiempo.

Cuando llueve, el problema resulta aún más evidente, ya que el agua se acumula dentro de los huecos y dificulta identificar su profundidad, aumentando el riesgo para motociclistas, ciclistas y conductores que no conocen el estado de la vía; asi mismo para quienes viven en el sector, transitar por este punto implica reducir considerablemente la velocidad y maniobrar constantemente para intentar esquivar los daños, pero el problema no es únicamente la presencia de los huecos, sino la ausencia de una intervención que permita resolverlos de manera definitiva, en lugar de una rehabilitación integral, los daños permanecen y continúan aumentando con el tránsito y las condiciones climáticas.

Paradójicamente, se trata de una calle que durante mucho tiempo pudo pasar desapercibida porque su uso estaba principalmente relacionado con los residentes del sector, pero el cierre y las obras de la carrera 37H han cambiado esa dinámica, siendo asi que una vía que antes tenía un tránsito relativamente reducido ahora adquiere mayor importancia como alternativa para quienes necesitan desplazarse por La Esperanza.

Esto pone en evidencia una problemática frecuente en la infraestructura vial de la ciudad: las calles secundarias también cumplen una función dentro de la movilidad urbana, especialmente cuando las vías principales son cerradas por obras, mantenimiento o diferentes intervenciones, pero mientras avanzan los trabajos sobre la carrera 37H, los habitantes y conductores del sector deben enfrentar una doble dificultad: por un lado, una de las principales vías de circulación se encuentra intervenida y, por otro, algunas de las alternativas cercanas presentan daños que llevan un largo periodo sin una solución definitiva.

La pregunta que queda para los residentes es sencilla: ¿cuánto tiempo más tendrán que permanecer estos huecos para que la vía sea intervenida de manera integral?

Porque el problema no debería solucionarse únicamente cuando una calle se convierte en una ruta obligada por el cierre de otra, porque el mantenimiento de la infraestructura vial también debería anticiparse al deterioro y garantizar que las vías que conectan los barrios se encuentren en condiciones adecuadas antes de que una emergencia de movilidad obligue a utilizarlas como corredores alternativos, por ahora, los huecos continúan allí y mientras la carrera 37H permanece en obras, esta calle olvidada del sector de La Esperanza enfrenta una realidad distinta: una vía que durante años fue utilizada principalmente por los residentes ahora debe asumir parte de la movilidad generada por el cierre de un corredor principal, sin que su propio deterioro haya encontrado todavía una solución definitiva.