Música Absoluta o Pura

Cello virtuoso

Origen del Concepto

El concepto de Música Pura (o Absoluta) surge a finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX como resultado de la revalorización de la música instrumental.

Hasta entonces, la música instrumental se consideraba relegada a un papel secundario en comparación con la ópera o la música vocal, pues se la creía incapaz de expresar emociones de manera independiente, limitándose a imitar fenómenos externos (efectos miméticos) o a representar una limitada gama de emociones.

Richard Wagner acuñó el término "Música Absoluta" de manera despectiva en la década de 1840, refiriéndose a la música que carece de un propósito dramático o literario y que, por tanto, era imprecisa en términos de expresión.

Desde su perspectiva, la música había alcanzado su límite en la Novena Sinfonía de Beethoven, en cuyo último movimiento se introducen el coro y la palabra. Wagner argumentaba que la música requería ser "fertilizada" por el lenguaje para poder avanzar.

Sonido y Movimiento

Eduard Hanslick, uno de los críticos y musicólogos más influyentes de la época y principal defensor de la corriente de la Música Absoluta, estableció una estética musical desde una perspectiva más materialista.

Para Hanslick, la esencia de la música reside en el "sonido y movimiento" (literalmente, en el original alemán: "formas que se mueven al sonar"), definiendo la música como un objeto físico, la "materia prima que el compositor debe moldear".

Su argumento principal se basaba en que, si bien la música puede despertar sentimientos y emociones, no puede representarlos directamente, pues no existe un nexo causal entre ideas como el amor, el miedo o la ira, y ciertas combinaciones de sonidos. Sin embargo, el vínculo lógico que encontraba entre la música y las emociones era a través del movimiento, refiriéndose a la dimensión temporal u horizontal de la música (incluyendo sus propiedades rítmicas, métricas e incluso dinámicas), relacionándose así la música con la conciencia.